más de veinte años de separación.
“¿No te gusta que te llamen Nick? Vaya, yo siempre te he llamado Nick en mi corazón, y aunque ausente de la vista, presente en la memoria.
¡Por Júpiter! mis sentimientos hacia ti han envejecido como un buen coñac añejo. Espero que tengas un poco en la casa ahora. Josh llenó bien mi petaca la última vez”.
El señor Bulstrode aún no había aprendido del todo que ni siquiera el deseo de coñac era más fuerte en Raffles que el deseo de atormentar, y que un indicio de molestia siempre le servía de nuevo estímulo. Pero al menos era evidente que seguir poniendo objeciones era inútil, y el señor Bulstrode, al dar órdenes al ama de llaves para la comodidad del huésped, adoptó un aire de serena resolución.
Existía el consuelo de pensar que aquella ama de llaves también había estado al servicio de Rigg, y que tal vez aceptaría la idea de que el señor Bulstrode acogía a Raffles meramente como a un amigo de su antiguo amo.