ver a Rosamond a petición de su madre para entregarle un recado, casualmente vio que Ladislaw se marchaba. Fred y Rosamond tenían poco que decirse ahora que el matrimonio la había apartado del roce con los desagradables hermanos, y especialmente ahora que él había dado lo que ella consideraba el paso estúpido e incluso reprobable de abandonar la Iglesia para dedicarse a un negocio como el del señor Garth. De ahí que Fred hablara preferentemente de lo que consideraba noticias indiferentes y, «a propósito de ese joven Ladislaw», mencionó lo que había oído en la rectoría de Lowick.
Ahora Lydgate, al igual que el señor Farebrother, sabía mucho más de lo que contaba, y una vez que se puso a pensar en la relación entre Will y Dorothea, sus conjeturas habían ido más allá de los hechos. Imaginaba que existía un afecto apasionado por ambas partes, y esto le parecía algo demasiado grave como para andar cotilleando al respecto.
Recordaba la irritabilidad de Will cuando él había mencionado a la señora Casaubon, y por ello fue más circunspecto. En conjunto, sus suposiciones, además de lo que conocía de los hechos, aumentaron su simpatía y tolerancia hacia Ladislaw, y le hicieron comprender la vacilación que lo retenía en Middlemarch después de haber dicho que se marcharía.
Era significativo del distanciamiento entre la mente de Lydgate y la de Rosamond el que no sintiera ningún impulso de hablar con ella sobre el tema; de hecho, no confiaba del todo en la discreción que ella guardaba hacia Will. Y en eso tenía razón, aunque no vislumbrara la manera en que la mente de ella actuaría al impulsarla a hablar.
Cuando ella le repitió la noticia de Fred a Lydgate, este dijo: —Ten cuidado de no soltar la más mínima indirecta a Ladislaw, Rosy. Es