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nydus/MiddlemarchPublic
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XV

reputación virtuosa, pues su esposo actuaba con ella haciendo de amante desafortunado. Lo único que en ella «dejaba bastante que desear» era su actuación, pero el público se mostraba satisfecho. El único esparcimiento de Lydgate ahora consistía en ir a contemplar a esta mujer, del mismo modo que se habría echado un rato a descansar sobre un lecho de violetas bajo el soplo del dulce sur, sin perjuicio de su galvanismo, al que regresaría de inmediato.

Pero esta tarde el viejo drama tuvo una nueva catástrofe. En el momento en que la heroína iba a representar la puñalada a su amante, y este debía caer con gracia, la esposa apuñaló de verdad a su esposo, que cayó como quiso la muerte.

Un grito salvaje atravesó el teatro, y la provenzal cayó desmayada: la obra exigía un grito y un desmayo, pero esta vez el desmayo también era real. Lydgate saltó y trepó, apenas supo cómo, al escenario, y prestó ayuda activamente, haciendo conocimiento con su heroína al encontrarle una contusión en la cabeza y levantarla suavemente en sus brazos.

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