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nydus/MiddlemarchPublic
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XXXII

pie o paseándose a menudo, tirándose del chaleco con aires de hombre muy seguro de su propia opinión, arreglándose con rapidez con el índice y señalando cada nueva serie en estos movimientos con un enérgico juego de sus grandes sellos. Había a veces cierta fiereza en su conducta, pero iba dirigida principalmente contra las falsas opiniones, de las cuales hay tanto que corregir en el mundo que un hombre de cierta lectura y experiencia forzosamente ve puesta a prueba su paciencia. Sentía que la familia Featherstone en general era de entendederas limitadas, pero, siendo un hombre de mundo y un personaje público, se tomaba todo con naturalidad, e incluso se acercó a conversar con el señor Jonah y el joven Cranch en la cocina, sin dudar de que había impresionado enormemente a este último con sus preguntas capciosas sobre los Llanos Chalky. Si alguien hubiera observado que el señor Borthrop Trumbull, por ser subastador, estaba obligado a conocer la naturaleza de todo, él habría sonreído y se habría arreglado en silencio con la conciencia de que se acercaba bastante a ello. En conjunto, a su manera de subastador, era un hombre honorable, que no se avergonzaba de su oficio y sentía que «el célebre Peel, ahora Sir Robert», de serle presentado, no dejaría de reconocer su importancia.

—No me importa comerme una rodaja de ese jamón y tomarme un vaso de esa cerveza, señorita Garth, si usted me lo permite —dijo, entrando en el salón a las once y media, después de haber tenido el excepcional privilegio de ver al viejo Featherstone, y quedándose de pie de espaldas al fuego entre la señora Waule y Solomon.

—No es necesario que salgas;⁠—déjame tocar el timbre.

—Gracias —dijo Mary—, tengo un recado.

—Bueno, señor Trumbull, es usted muy favorecido —dijo la señora Waule.

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