En tres minutos el vicario estaba de nuevo a caballo, habiendo cumplido magnánimamente con un deber mucho más difícil que la renuncia al whist, o incluso que la redacción de meditaciones penitenciales.
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En tres minutos el vicario estaba de nuevo a caballo, habiendo cumplido magnánimamente con un deber mucho más difícil que la renuncia al whist, o incluso que la redacción de meditaciones penitenciales.