Hubo una pausa perceptible antes de que el señor Casaubon respondiera, no con la rapidez de antes, sino con un acento aún más mordaz.
—Dorothea, amor mío, esta no es la primera ocasión, pero más valdría que fuera la última, en la que te has arrogado un juicio sobre materias que escapan a tu alcance. En la cuestión de hasta qué punto la conducta, especialmente en el asunto de las alianzas, constituye la pérdida de los derechos familiares, no voy a entrar ahora. > Baste con decir que tú no estás capacitada aquí para discernir. Lo que ahora deseo que comprendas es que no acepto ninguna revisión, y mucho menos imposición, dentro de aquella esfera de asuntos que he deliberado como propia y distintivamente míos. No te corresponde a ti interponerte entre el señor