que reprocharse, aunque no haya podido licenciarse; estoy segura de que no alcanzo a comprender por qué, pues me parece muy inteligente. Y tú misma sabes que en la universidad lo consideraban a la altura de la mejor sociedad. Con lo exigente que eres, querida, me extraña que no te alegre tener a un joven tan distinguido como hermano. Siempre le estás sacando pegas a Bob por no ser Fred.
—Oh, no, mamá, solo porque es Bob.
—Bueno, querida, no encontrarás a ningún joven de Middlemarch que no tenga algo en su contra.
«Pero» —aquí el rostro de Rosamond se descompuso en una sonrisa que de repente reveló dos hoyuelos. Ella misma opinaba desfavorablemente de esos hoyuelos y sonreía poco en la sociedad—. «Pero no voy a casarme con ningún joven de Middlemarch».