Se había cogido un gran catarro, como si no tuviera otra ropa que ponerse que la piel de un oso todavía sin matar.
El joven Ladislaw no hizo aquella visita a la que el señor Brooke le había invitado, y solo seis días después el señor Casaubon mencionó que su joven pariente había partido hacia el continente, pareciendo eludir cualquier pregunta con esa fría vaguedad. En efecto, Will se había negado a fijar un destino más preciso que la totalidad del territorio europeo.
El genio, sostenía, es necesariamente intolerante con las trabas: por un lado debe disponer del margen más amplio para su espontaneidad; por el otro, puede aguardar con confianza aquellos mensajes del universo que lo convocan a su labor peculiar, limitándose a adoptar una actitud de receptividad ante toda casualidad sublime.
Las actitudes de receptividad son variadas, y Will había probado sinceramente muchas de ellas.
- No es que le entusiasmara el vino en exceso, pero en varias ocasiónes había bebido de más, simplemente como experimento con esa forma de éxtasis;
- había ayunado hasta desmayarse, para luego cenar langosta;
- se había enfermado a base de dosis de opio.
Nada sumamente original había resultado de estas medidas; y los efectos del opio lo habían convencido de que existía una total disimilitud entre su constitución y la de De Quincey.
La circunstancia sobreañadida que habría desarrollado el genio aún no había llegado; el universo todavía no había hecho una seña.