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nydus/MiddlemarchPublic
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Capítulo XLII

alma, visitándola a escondidas tan solo, para poder ser lo bastante mezquina como para complacerlo. En una crisis como esta, algunas mujeres empiezan a odiar.

El sol estaba bajo cuando Dorothea pensaba que ya no bajaría, sino que enviaría un recado a su marido diciendo que no se encontraba bien y prefería quedarse arriba.

Nunca antes había permitido deliberadamente que su resentimiento la gobernara de este modo, pero creía ahora que no podía volver a verle sin decirle la verdad sobre lo quesentía, y debía esperar hasta poder hacerlo sin interrupciones.

Él podría extrañarse y sentirse herido por su recado. Era bueno que se extrañara y se sintiera herido.

Su ira decía, como la ira suele decir, que Dios estaba con ella —que todo el cielo, aunque estuviera poblado de espíritus que los observaban, debía estar de su parte.

Se había decidido a tocar la campanilla, cuando llamaron a la puerta.

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