tono apagado y monótono: «Hermano, espero que el nuevo médico pueda hacer algo por ti. Solomon dice que se habla mucho de su habilidad. Estoy segura de que es mi deseo que te salves. Y no hay nadie más dispuesta a cuidarte que tu propia hermana y tus propias sobrinas, con solo que digas una palabra. Ahí están Rebecca, Joanna y Elizabeth, ya sabes».
“Ay, ay, me acuerdo—ya verá cómo me acuerdo de todas—todas morenas y feas. Haría falta que tuvieran algo de dinero, ¿eh? Jamás hubo belleza en las mujeres de nuestra familia; pero los Featherstone siempre han tenido algo de dinero, y los Waules también. Waule también tenía dinero. Un hombre forrado era Waule. Ay, ay; el dinero es un buen huevo; y si tienes dinero que dejar atrás, colócalo en un nido cálido. Adiós, señora Waule”. Aquí el señor Featherstone se tiró de ambos lados de la peluca como si quisiera ensordecerse, y su hermana se marchó rumiando este oracular discurso suyo. A pesar de sus celos hacia los Vincy y hacia Mary Garth, quedaba como el sedimento más hondo en los bajíos de su mente el convencimiento de que su hermano Peter Featherstone jamás podría legar su propiedad principal a alguien que no fuera de su sangre:—si no, ¿por qué el Todopoderoso se había llevado a sus dos esposas sin hijos, después de haber ganado tanto con el manganeso y esas cosas, apareciendo cuando nadie se lo esperaba?—y ¿por qué existía la iglesia parroquial de Lowick, y los Waule y los Powderell sentados todos en el mismo banco durante generaciones,