sirva para atrapar mariquitas? Respuesta: dinero». ¿Oyeron? Mariquitas, honey, money. Este es un pasatiempo para aguzar el intelecto; tiene aguijón, tiene lo que llamamos sátira, e ingenio sin indecencia. ¿Cuatro y seis peniques?, ¿cinco chelines?
La puja continuó con una creciente rivalidad. El señor Bowyer era uno de los postores, y aquello era demasiado exasperante. Bowyer no podía permitírselo, y solo quería impedir que cualquier otro hombre luciera.
La corriente arrastró incluso al señor Horrock consigo, pero esta manifestación de su opinión se le escapó con tan poca pérdida de su expresión neutral, que la puja tal vez no se habría atribuido a él de no ser por los amigables juramentos del señor Bambridge, quien quería saber qué haría Horrock con una mercancía maldita que solo servía para merceros entregados a ese estado de perdición que el comerciante de caballos reconocía tan cordialmente en la mayoría de las existencias terrenales.
El lote fue adjudicado finalmente por una guinea al señor Spilkins, un joven Slender de la vecindad, que derrochaba su aguinaldo y sentía su falta de memoria para las adivinanzas.