CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/MiddlemarchPublic
Página 488 de 962
Table of Contents

XXXIII

ser alta y, sin embargo, apenas era audible—. No quiero otra cosa. Vienes aquí⁠—vienes aquí.

Mary se le acercó con cautela, conociéndolo demasiado bien. Lo vio dejar caer las llaves e intentar agarrar su bastón, mientras la miraba como una hiena anciana, con los músculos de la cara distorsionados por el esfuerzo de su mano. Se detuvo a una distancia prudente.

—Déjame darte un poco de cordial —dijo ella con tranquilidad— y trata de calmarte. Tal vez te duermas. Y mañana a la luz del día podrás hacer lo que quieras.

Él levantó el bastón, a pesar de estar ella fuera de su alcance, y lo arrojó con un esfuerzo tenaz que no era más que impotencia. Cayó, resbalando por los pies de la cama.

Mary lo dejó estar y se retiró a su sillón junto al fuego. Al rato iría a verle con el tónico. La fatiga le volvería dócil.

Se acercaba el momento más gélido de la mañana, el fuego se había reducido y ella podía ver a través de la rendija entre las cortinas de lana de la ventana la luz blanqueada por el estor. Tras echar un poco de leña al fuego y ponerse un chal por encima, se sentó, esperando que el señor Featherstone se durmiera por fin.

Si se le acercaba, la irritación podía mantenerse. Él no había dicho nada tras arrojar el bastón, pero ella le había visto coger las llaves de nuevo y apoyar la mano derecha sobre el dinero. No obstante, no lo guardó, y ella pensó que se estaba quedando dormido.

Pero la propia Mary comenzó a sentirse más alterada por el recuerdo de lo que había pasado que lo que había estado por la realidad; cuestionando aquellos actos suyos que se habían impvenido y excluido toda duda en el momento crítico.

488