sobre el Símbolo Atanasiano, el doctor Minchin citaba el Ensayo sobre el hombre de Pope. Objetaba el estilo un tanto libertino de las anécdotas en que se complacía el doctor Sprague, prefiriendo las citas bien sancionadas y gustando del refinamiento de toda clase: era de conocimiento general que guardaba cierto parentesco con un obispo y que a veces pasaba sus vacaciones en «el palacio».
El Dr. Minchin era de manos suaves, tez pálida y silueta redondeada, indistinguible en apariencia de un clérigo apacible; mientras que el Dr. Sprague era excesivamente alto; los pantalones se le arrugaban a la altura de las rodillas y dejaban ver un exceso de bota en una época en que los tirantes bajo el calzado parecían necesarios para cualquier dignidad de porte; se le oía entrar y salir, subir y bajar, como si hubiera venido a revisar el tejado. En resumen, tenía peso, y cabía esperar de él que lidiara con una enfermedad y la venciera; mientras que el Dr. Minchin quizás fuera más capaz de detectarla al acecho