El Baronet añadía en palabras muy cordiales que él mismo deseaba particularmente ver las fincas de Freshitt y Tipton bajo la misma administración, y esperaba poder demostrar que la doble agencia podía mantenerse en términos agradables para el señor Garth, a quien le complacería ver en la Mansión a las doce en punto del día siguiente.
—Escribe muy bien, ¿verdad, Susan? —dijo Caleb, alzando los ojos hacia su mujer, quien retiró la mano del hombro de él para llevársela a la oreja, mientras apoyaba la barbilla en su cabeza—. A Brooke no le gustó pedírmelo él mismo, ya lo veo —continuó, riendo en silencio.
—Aquí tenéis una honra para vuestro padre, hijos —dijo la señora Garth, mirando a su alrededor a los cinco pares de ojos, todos fijos en los padres—. Le piden que vuelva a ocupar un puesto aquellos que lo despidieron hace mucho tiempo. Eso demuestra que hizo bien su trabajo, de modo que sienten su falta.
—Como Cincinnato, ¡hurra! —dijo Ben, sentado a caballo sobre su silla, con la agradable confianza de que la disciplina se había relajado.
—¿Vendrán a buscarlo, madre? —dijo Letty, pensando en el alcalde y los concejales con sus togues.
La señora Garth le dio una palmada en la cabeza a Letty y sonrió, pero al ver que su marido estaba recogiendo sus cartas y que pronto estaría fuera de su alcance en aquel santuario llamado «negocios», le apretó el hombro y dijo con énfasis:
—Mira que pidas un pago justo, Caleb.
—Pues sí —dijo Caleb, con una profunda voz de asentimiento, como si fuera absurdo suponer otra cosa de él. > «Los dos juntos saldrán por entre cuatro y