Sigue aquí la receta estricta De esa salsa para carne exquisita, Llamada Ocio, que muchos comen Por preferencia, y dulce la nombran:
Primero acecha los bocados, como un sabueso Mézclala bien con bofetadas, revuélvelos con espeso Aceite bueno de adulaciones, Y espúmala con viles mentiras de auto-alabanzas.
Sírvela tibia: las vasijas que has de elegir Para guardarla son zapatos de muertos.
La consulta que el señor Bulstrode había hecho a Harriet pareció producir el efecto deseado por el señor Vincy, pues temprano a la mañana siguiente llegó una carta que Fred pudo llevar al señor Featherstone como el testimonio requerido.
El viejo caballero se quedaba en la cama debido al tiempo frío, y como no se veía a Mary Garth en la salita, Fred subió inmediatamente y le entregó la carta a su tío, quien, cómodamente incorporado sobre un respaldo de cama, no era menos capaz que de costumbre de disfrutar de su conciencia de sabiduría al desconfiar y frustrar a la humanidad.
Se puso las gafas para leer la carta, frunciendo los labios y bajando las comisuras.
—«“Dadas las circunstancias, no me negaré a manifestar mi convicción”—¡paf!, ¡qué palabras tan finas usa el sujeto! Tiene tanta labia como un pregonero— “que su hijo Frederic no ha obtenido ningún adelanto de dinero sobre los legados prometidos por el señor Featherstone”—¿prometidos? ¿Quién ha dicho que yo haya prometido