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nydus/MiddlemarchPublic
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simpático en la que sus ideas e impulsos eran arrastrados por hábito. No quería ataviarse con el conocimiento —llevarlo desvinculado de los nervios y la sangre que alimentaban su acción—; y si hubiera escrito un libro, lo habría hecho como santa Teresa, bajo el mandato de una autoridad que constreñía su conciencia.

Pero algo anhelaba con lo que su vida pudiera llenarse de una acción a la vez racional y ardiente; y puesto que el tiempo de las visiones orientadoras y los directores espirituales había pasado, puesto que la oración avivaba el anhelo pero no la instrucción, ¿qué lámpara quedaba sino el saber?

Ciertamente, los hombres cultos guardaban el único aceite; y ¿quién más culto que el señor Casaubon?

Así, en estas breves semanas, la gozosa y agradecida expectativa de Dorothea se mantuvo intacta, y por mucho que su pretendiente pudiera ser consciente de vez en cuando de cierta insipidez, jamás pudo atribuirla a un aflojamiento de su afectuoso interés.

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