Le recordé la mañana siguiente a su marcha, cuando los tres estábamos en la playa.
«¿Te acuerdas —le dije— de cierta manera desatada en que miraba hacia el mar y hablaba de “el final de todo”?»
—¡Claro que sí! —dijo él.
—¿Qué supones que quiso decir?
—Mas’r Davy —respondió—, me he hecho esa pregunta un montón de veces y nunca he hallado respuesta. Y hay una cosa curiosa: aunque es tan agradable, no me sentiría a gusto tratando de averiguar lo que piensa al respecto. Jamás me ha dicho una sola palabra que no fuera tan respetuosa como la que más, y no es probable que empiece a hablar de otra manera ahora; pero el agua anda lejos de ser mansa en su mente, allá donde se hunden esos pensamientos. Es profunda, señor, y no alcanzo a ver el fondo.
—Tiene