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nydus/David CopperfieldPublic
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IX. I Have a Memorable Birthday

Dios bendiga a mis dos hijos! ¡Que Dios proteja y guarde a mi muchacho sin padre!»

—Nunca volví a separarme de ella después —dijo Peggotty—. A menudo les hablaba a esos dos de abajo —porque los quería; no soportaba no querer a nadie que estuviera a su alrededor—, pero cuando se iban de su cabecera, siempre se volvía hacia mí, como si hubiera descanso donde estaba Peggotty, y nunca se quedó dormida de ninguna otra manera.

“La última noche, al atardecer, me besó y dijo:

«Si mi nene también se muere, Peggotty, por favor haz que lo acuesten en mis brazos y que nos entierren juntos».

(Así se hizo, pues el pobre angelito vivió solo un día más que ella).

«Deja que mi querido muchacho vaya con nosotros a nuestro lugar de descanso —dijo—, y dile que su madre, cuando yacía aquí, lo bendijo no una, sino mil veces»”.

Otro silencio siguió a esto, y otro suave golpecito en mi mano.

—Era bien entrada la noche —dijo Peggotty—, cuando me pidió algo de beber; y cuando lo hubo tomado, me dedicó una sonrisa tan paciente, ¡la pobre!, ¡tan hermosa!

“Había amanecido y el sol iba subiendo, cuando ella me dijo cuán amable y considerado había sido siempre con ella el señor Copperfield, y cómo la había tolerado, y le había dicho, cuando ella dudaba de sí misma, que un corazón amoroso era mejor y más fuerte que la sabiduría, y que él era un hombre feliz en el de ella. > —Peggotty, querida —dijo entonces—, acércame más a ti —pues estaba muy débil—. Pon tu buen brazo

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