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nydus/David CopperfieldPublic
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El hogar de Steerforth

Era un parecido sorprendente, y necesariamente tenía un aspecto sorprendente. El pintor no había hecho la cicatriz, pero yo la había hecho; y allí estaba, yendo y viniendo; ahora confinada al labio superior como la había visto en la cena, y ahora mostrando toda la extensión de la herida infligida por el martillo, como la había visto cuando ella estaba apasionada.

Me preguntaba con fastidio por qué no podían haberla metido en otra parte en vez de endilgármela a mí. Para librarme de ella, me desvestí rápidamente, apagué la luz y me fui a la cama. Pero, al quedarme dormido, no conseguía olvidar que ella seguía allí mirando: «¿De verdad, no me digas? Quiero saberlo»; y al despertarme en plena noche, descubrí que en mis sueños le preguntaba intranquilo a toda clase de gente si era de verdad o no, sin saber a qué me refería.

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