«Tom» la había llevado a Kent en un viaje de bodas, y allí había visto también a mi tía; y tanto mi tía como Agnes estaban bien, y las dos no habían hablado de otra cosa que de mí. «Tom» nunca la había tenido fuera de sus pensamientos, realmente creía, en todo el tiempo que yo había estado fuera. «Tom» era la autoridad en todo. «Tom» era evidentemente el ídolo de su vida; jamás derribado de su pedestal por ninguna conmoción; digno siempre de fe, y de ser homenajeado con toda la devoción de su corazón, viniera lo que viniese.
La deferencia que tanto ella como Traddles le mostraban a la Bella me gustó muchísimo. No sé si me parecía muy razonable; pero me parecía encantador, y esencialmente parte de su carácter. Si Traddles echó de menos ni por un instante las cucharillas que aún faltaba por ganar, no me cabe duda de que fue cuando le sirvió el té a la Bella. Si su bondadosa