una fortuita combinación de aciagos acontecimientos, en la situación de la Nave naufragada (si se le permite adoptar tan marítima denominación) que ahora empuña la pluma para dirigiros la palabra —no corresponde, repito, a alguien en tal circunstancia— adoptar el lenguaje del cumplido o de la felicitación. Eso lo deja en manos más hábiles y más puras. > > “Si vuestras ocupaciones, de mayor importancia, os permitieran llegar a rastrear estos imperfectos caracteres hasta este punto —lo cual puede ser o no ser, según se presenten las circunstancias—, os preguntaréis naturalmente: ¿por qué objeto me veo influenciado, entonces, al redactar la presente misiva? Permitidme decir que acato plenamente la razonable naturaleza de esa pregunta y paso a desarrollarla, aclarando de antemano que no se trata de un propósito de índole pecuniaria. > > “Sin referirme más directamente a ninguna habilidad latente que pueda acaso existir de mi parte para empuñar el rayo o dirigir la llama devoradora y vengativa en cualquier dirección, se me permitirá observar, de pasada, que mis más brillantes visiones se han disipado para siempre —que mi paz está quebrantada y mi capacidad de goce destruida—, que mi corazón ya no está en su sitio y que ya no camino erguido ante mis semejantes. La cresa está en la flor. La copa está amarga hasta el borde. El gusano está haciendo su labor y pronto dispondrá de su víctima. Cuanto antes, mejor. Pero no me desviaré del tema. > > “Situado en una posición mental de particular dolor, más allá del alcance mitigador incluso de la influencia de la señora Micawber, aunque ejercida en su triple condición
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XLIX. Me envuelve el misterio
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