CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/David CopperfieldPublic
Página 630 de 1405
Table of Contents

XXVI. Caigo en cautiverio

o aquel, y yo me paraba a admirar el mismo, y Dora, riendo, alzaba al perrito infantimente para que oliera las flores; y si los tres no estábamos en el País de las Hadas, desde luego yo sí. El aroma de una hoja de geranio, hoy en día, me golpea con un asombro medio cómico y medio serio sobre qué cambio se ha operado en mí en un instante; y entonces veo un sombrero de paja y cintas azules, y una abundancia de rizos, y un perrito negro siendo sostenido, en dos delgados brazos, contra un talud de flores y hojas brillantes.

La señorita Murdstone había estado buscándonos. Nos encontró aquí y le ofreció a Dora su mejilla antipática —cuyas arruguitas estaban llenas de polvos de arroz— para que la besara. Luego, tomando del brazo a Dora, nos condujo al desayuno como si fuera el entierro de un soldado.

Cuántas tazas de té me bebí, porque Dora lo preparaba, no lo sé. Pero recuerdo perfectamente que me senté a tragar té hasta que todo

630