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nydus/David CopperfieldPublic
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LI. El comienzo de un viaje más largo

—Dije que ha-abía una sola cosa más —prosiguió con una sonrisa grave, cuando hubo hecho de nuevo su pequeño atado y se lo hubo guardado en el bolsillo—; pero ha-abía dos. No estaba seguro en mi mente, cuando salí esta mañana, de poder ir a comunicarle a Ham, por mí mismo, lo que tan felizmente había sucedido. Así que escribí una carta mientras estaba fuera, y la eché en el correo, diciéndole cómo estaban las cosas tal cual son; y que bajaría mañana para desahogar mi conciencia de lo poco que falta por hacer por allí y, muy probablemente, despedirme para siempre de Yarmouth.

—¿Y deseas que vaya contigo? —dije, al ver que dejaba algo sin decir.

—Si pudiera hacerme ese tipo de favor, amo Davy —respondió—, sé que verle los alegraría un poco el ánimo.

Estando mi pequeña Dora de muy buen humor, y con muchas ganas de que fuera —según descubrí al hablarlo con ella—, me comprometí de buen grado a acompañarle de acuerdo con su deseo. A la mañana siguiente, por consiguiente, íbamos en el coche de Yarmouth, viajando nuevamente por el viejo camino.

Al pasar de noche por la calle conocida —el señor Peggotty, a pesar de todas mis protestas, cargando con mi bolsa—, eché un vistazo al taller de Omer y Joram, y vi allí a mi viejo amigo el señor Omer, fumando su pipa. Sentí recelo de estar presente cuando el señor Peggotty se encontrara por primera vez con su hermana y con Ham; y tomé al señor Omer como pretexto para quedarme atrás.

—¿Cómo está el señor Omer, después de este largo tiempo? —dije al entrar.

Apartó el humo de su pipa con la mano para poder verme mejor, y pronto me reconoció con gran alegría.

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