—¿El señor Micawber estaba en el monte cerca de usted? —dije.
—Bendito sea, sí —dijo el señor Peggotty—, y se puso manos a la obra con toda el alma. Jamás deseo conocer a un caballero mejor para ponerse manos a la obra con toda el alma. Le he visto esa, su cabeza calva, sudando al sol, amo Davy, hasta que casi pensé que se iba a derretir. Y ahora es magistrado.
—¿Un magistrado, eh? —dije.
El señor Peggotty señaló un determinado párrafo del periódico, el cual leí en voz alta tal como sigue, extraído del Port Middlebay Times:
«La cena pública en honor de nuestro distinguido conciudadano y vecino, el distinguido señor Wilkins Micawber, magistrado del distrito de Port Middlebay, tuvo lugar ayer en el salón grande del Hotel, que rebosaba de gente. Se calcula que no menos de cuarenta y siete personas pudieron cenar al mismo tiempo, sin contar la concurrencia apostada en el pasillo y en la escalera. > Lo más selecto, elegante y exclusivo de Port Middlebay acudió en masa para rendir homenaje a alguien tan justamente estimado, de tanto talento y tan popular. El doctor Mell (de la Escuela Colonial de Gramática Salem-House, de Port Middlebay) presidió el acto, y a su derecha se sentó el ilustre invitado. > Una vez retirado el mantel y entonado el "Non Nobis" (interpretado con primor, y en el que no nos costó distinguir las notas argentinas de