Wickfield and Heep
Mi tía, empezando, supongo, a sentirse seriamente incómoda por mi prolongado abatimiento, fingió estar deseosa de que fuera a Dover para comprobar que todo marchaba bien en la casita, que estaba alquilada, y para cerrar un acuerdo con el mismo inquilino por un período de ocupación más largo.
Janet fue reclutada para el servicio de la señora Strong, donde la veía todos los días. Al salir de Dover, no había decidido si dar o no el toque final a esa renuncia al género humano en la que la habían educado, casándose con un piloto; pero se decidió en contra de tal aventura. No tanto por cuestión de principios, creo, como porque casualmente él no le gustaba.
Aunque me costó un esfuerzo dejar a la señorita Mills, accedí con bastante buena gana a la estratagema de mi tía, como medio de permitirme pasar unas horas tranquilas con Agnes. Consulté al buen doctor acerca de una ausencia de tres días; y como el doctor deseaba que me tomara ese descanso —deseaba que me tomara más, pero mis energías no daban para tanto—, me decidí a ir.
En cuanto a los Comunes, no tenía gran ocasión de preocuparme por mis obligaciones en ese ámbito. A decir verdad, gozábamos de muy mala reputación entre los procuradores más selectos, y descendíamos a toda velocidad hacia una posición cuando menos dudosa. Los negocios habían estado flojos con el señor Jorkins, antes de la época del señor Spenlow; y aunque se habían avivado con la infusión de sangre nueva y con el despliegue que hacía el