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nydus/David CopperfieldPublic
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XIV. Mi tía toma una determinación sobre mí

—Pero por ningún motivo vayas a llamarle así. No soporta su nombre. Es una peculiaridad suya. Aunque tampoco sé si es muy peculiar que digamos; pues bastante maltratado ha sido por algunos de los que lo llevan como para tenerle una antipatía mortal, sabe Dios. El señor Dick es su nombre aquí y en todas partes ahora, —si es que alguna vez fue a otra parte, cosa que no hace. Así que ten cuidado, niña, de no llamarle de otra forma que no sea señor Dick.

Prometí obedecer y subí con mi recado; pensando, mientras iba, en que si el Sr. Dick había estado trabajando en su Memorial durante mucho tiempo, al mismo ritmo al que le había visto trabajar en él, a través de la puerta abierta, cuando bajé, probablemente le iba del todo muy bien. Lo encontré aún dándole duro con una pluma larga y la cabeza casi apoyada sobre el papel. Estaba tan absorto en ello, que tuve tiempo de sobra para observar la gran cometa de papel en un rincón, el revoltijo de atados de manuscritos, la cantidad de plumas y, sobre todo, la cantidad de tinta (que parecía tener en tarros de medio galón por docenas), antes de que advirtiera mi presencia.

—¡Ja! ¡Febo! —dijo el señor Dick, dejando la pluma—. ¿Cómo va el mundo? Te diré una cosa —añadió, en un tono más bajo—, no desearía que se mencionara, pero es... —aquí me hizo señas y acercó sus labios a mi oreja— es un mundo loco. ¡Loco como Bedlam, muchacho! —dijo el señor Dick, tomando rapé de una caja redonda sobre la mesa y riendo con ganas.

Sin pretender dar mi opinión sobre esta cuestión, entregué mi recado.

—Bueno —respondió el señor Dick—, mis recuerdos para ella, y yo... creo que he dado el primer paso. Creo que he dado el primer paso —dijo el señor Dick, pasándose una mano por el cabello gris y dirigiendo una mirada de todo menos confiada a su manuscrito—. ¿Has ido a la escuela?

—Sí, señor —contesté—; por poco tiempo.

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