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nydus/David CopperfieldPublic
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Capítulo LV

El señor Omer me miró con rostro sereno y negó con la cabeza.

—¿Sabe cómo está esta noche? —le pregunté.

—La misma pregunta que le habría hecho yo a usted, caballero —respondió el señor Omer—, pero por cuestión de tacto. Es uno de los inconvenientes de nuestro ramo. Cuando alguien está enfermo, no podemos preguntar cómo está el enfermo.

No se me había ocurrido la dificultad; aunque yo también había tenido mis aprensiones, al entrar, de escuchar la vieja melodía. Al mencionarse, sin embargo, la reconocí y así lo dije.

“Sí, sí, ya lo entiende —dijo el señor Omer, asintiendo con la cabeza—. No nos atrevemos. Válgame Dios, sería un golpe del que la generalidad de la gente no se recuperaría, eso de presentarse con: ‘De parte del señor Omer y del señor Joram, ¿cómo se encuentra usted esta mañana?’⁠—o esta tarde⁠—, según se tercie”.

El señor Omer y yo asentimos el uno al otro, y el señor Omer recuperó el aliento con la ayuda de su pipa.

—Es una de las cosas que apartan al comercio de las atenciones que a menudo desearían mostrar —dijo el señor Omer—. Tómeme a mí. Si hace un año que conozco a Barkis, saludándolo al pasar, hace cuarenta años que lo conozco. Pero no puedo ir y decirle: «¿cómo está?»

Me pareció que era bastante duro con el señor Omer, y se lo dije.

—No soy más egoísta, espero, que cualquier otro hombre —dijo el señor Omer. > > —¡Míreme! El fuelle me puede fallar en cualquier momento, y no es probable que, a

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