Tenía un poco de dinero, pero era menos que nada para lo que querían cobrar por todo lo que hicieron. ¡Casi me alegro de ello, aunque eran tan pobres! Lo que hicieron está guardado allí donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan. Mas’r Davy, eso perdurará más que todos los tesoros del mundo”.
“Em’ly se fue a Francia, y entró a servir de doncella a unas viajeras en una posada del puerto. Allí, allí se presentó un día aquella serpiente.—¡Que no se acerque jamás a mí! ¡No sé qué daño podría hacerle!—En cuanto lo vio, sin que él la viera, le volvieron todo el miedo y el espanto, y huyó de su mismísimo aliento. Vino a Inglaterra, y la desembarcaron en Dover.
—No sé —dijo el señor Peggotty— a ciencia cierta cuándo empezó a flaquear su corazón; pero durante todo el viaje a Inglaterra había pensado en venir a su querido hogar. Apenas llegó a Inglaterra volvió el rostro hacia él. Pero el miedo a no ser perdonada, el miedo a que la señalasen con el dedo, el miedo a que alguno de nosotros hubiera muerto por su culpa, el miedo a muchas cosas, la apartó de él por la fuerza, por decirlo así, en el camino:
«Tío, tío —me dice—, ¡el miedo a no ser digna de hacer lo que mi pecho desgarrado y sangrante tanto anhelaba hacer fue el miedo más espantoso de todos! Retrocedí cuando mi corazón rebosaba de plegarias para poder arrastrarme hasta el viejo umbral, por la noche, besarlo, apoyar en él mi malvado rostro y ser encontrada allí muerta por la mañana».
—Ha venido —dijo el señor Peggotty, bajando la voz hasta convertirla en un susurro sobrecogedor— a Londres. Ella —que en su vida lo había visto— sola— sin un céntimo— joven— tan bonita— ha venido a Londres. Casi en el mismo momento en que puso el pie aquí, tan