hablar con total claridad.
“La quería—y quiero su recuerdo—demasiado profundamente—como para hacerle creer por mí mismo que soy un hombre feliz. Yo solo podría ser feliz—olvidándome de ella—y me temo que apenas podría soportar que le dijeran que he hecho tal cosa.
Mas si usted, que es tan sabio, amo Davy, pudiera pensar en algo que decir que lograra hacerle creer que no estoy muy herido: que sigo amándola y guardándole luto; cualquier cosa que pudiera hacerle creer que no estoy cansado de mi vida y que, sin embargo, espero volver a verla sin culpa, allá donde los malvados dejan de inquietarse y los cansados descansan—cualquier cosa que aliviara su atribulado corazón, y que no le hiciera pensar, sin embargo, que yo podría casarme jamás, o que fuera posible que nadie llegara a ser para mí lo que ella fue—le pediría que dijera eso—junto con mis plegarias por ella—, que fue tan querida”.