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nydus/David CopperfieldPublic
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XIV. Mi tía toma una determinación sobre mí

—¡Jamás en la vida he oído nada semejante a esta persona! —exclamó la señorita Murdstone.

“Y cuando te hubiste asegurado de la pobrecita insensata —dijo mi tía—, Dios me perdone por llamarla así, y haberse ido ella a donde tú no irás a la ligera—, puesto que no le habías hecho el mal suficiente a ella y a los suyos, ¿tuviste que empezar a domarla, no? ¿Empezar a quebrantarla, como a un pobre pájaro enjaulado, y consumir su vida engañada enseñándole a entonar tus notas?”.

—Esto es o bien demencia o bien intoxicación —dijo la señorita Murdstone, en una absoluta agonía por no ser capaz de desviar el curso del discurso de mi tía hacia su persona—; y mi sospecha es que se trata de intoxicación.

Miss Betsey, sin hacer el menor caso de la interrupción, continuó dirigiéndose al señor Murdstone como si tal cosa no hubiera existido.

—Sr. Murdstone —dijo, amenazándole con el dedo—, usted fue un tirano con esa pobre criatura inocente y le rompió el corazón. Era un tierno y cariñoso bebé —lo sé bien; lo sabía años antes de que usted la viera— y, aprovechándose de sus mejores y más débiles cualidades, le infligió las heridas de las que murió. Ahí tiene la verdad para su consuelo, le guste o no. Y usted y sus compinches pueden sacarle el máximo provecho.

—Permítame preguntarle, señorita Trotwood —interpuso la señorita Murdstone—, a quiénes se complace en llamar, usando una selección de palabras a la que no estoy acostumbrada, los instrumentos de mi hermano?

—Bastante claro estaba, como ya os he dicho, años antes de que la vierais por primera vez —y por qué, en las misteriosas dispensaciones de

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