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nydus/David CopperfieldPublic
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LXIII

—¿Y qué dijo la señora Gummidge? —pregunté, tan pronto como pude ponerme serio.

—Si me lo cree —replicó el señor Peggotty—, la señora Gummidge, en vez de decir «muchas gracias, se lo agradezco mucho, no voy a andar cambiando de estado a mi edad», levantó un baldesito que había por ahí, se lo plantó en la cabeza al cocinero de aquel barco hasta que empezó a pedir a gritos que lo auxiliaran, y tuve que meterme yo a rescatarlo.

El señor Peggotty rompió en una gran carcajada, y Agnes y yo le acompañamos.

—Pero debo decir esto, por la buena criatura —prosiguió, secándose la cara, cuando ya estábamos bien exhaustos—; ha sido todo lo que prometió ser para nosotros, y más. Es la mujer más dispuesta, más fiel y más honradamente servicial, amo Davy, que jamás haya aliento de vida tomado. ¡Jamás la he conocido triste ni desamparada, ni por un solo minuto, ni siquiera cuando

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