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nydus/David CopperfieldPublic
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Table of Contents

LXIII

Un visitante

Lo que me he propuesto relatar está casi terminado; pero queda aún un incidente destacado en mi memoria, en el que a menudo se detiene con deleite, y sin el cual un hilo de la tela que he tejido tendría un cabo deshilachado.

Había avanzado en la fama y la fortuna, mi dicha doméstica era perfecta, llevaba diez años felizmente casado. Agnes y yo estábamos sentados junto al fuego, en nuestra casa de Londres, una noche de primavera, y tres de nuestros hijos jugaban en la habitación, cuando me avisaron de que un desconocido deseaba verme.

Le habían preguntado si venía por negocios, y había respondido que no; había venido por el placer de verme, y había recorrido un largo camino. Era un viejo, dijo mi criado, y tenía aspecto de granjero.

Como esto les sonó misterioso a los niños, y además se parecía al principio de uno de los cuentos favoritos que solía contarles Agnes, preludio de la llegada de un viejo hada malvada con capa que odiaba a todo el mundo, produjo cierto revuelo.

Uno de nuestros muchachos apoyó la cabeza en el regazo de su madre para ponerse a salvo, y la pequeña Agnes (nuestra hija mayor) dejó a su muñeca en una silla para que la representara, y asomó su montoncito de rizos dorados de entre las cortinas de la ventana, para ver qué pasaba a continuación.

—¡Que entre aquí! —dije.

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