expresamente que siempre me consideraría como a un hijo. Debía tomar posesión pasado mañana, y la señora Crupp dijo que, ¡alabado sea el cielo, al fin había encontrado a alguíen a quien poder estimar!
De regreso, mi tía me informó de cómo confiaba plenamente en que la vida que iba a llevar a partir de entonces me volvería firme y autosuficiente, que era todo lo que necesitaba.
Repitió esto varias veces al día siguiente, entre los ratos que dedicamos a organizar el envío de mi ropa y mis libros desde casa del señor Wickfield; respecto a lo cual, y a todas mis recientes vacaciones, le escribí una larga carta a Agnes, de la que mi tía se hizo cargo, ya que debía marchar al día siguiente.
Para no alargar estos pormenores, solo añadiré que proveyó generosamente para todas mis posibles necesidades durante mi mes de prueba; que Steerforth, para gran decepción mía y suya también, no hizo acto de presencia antes de que ella se fuera; que la vi instalada sanamente en el coche de Dover, regocijándose ante la inminente derrota de los asnos vagabundos, con Janet a su lado; y que, cuando el coche hubo partido, volví el rostro hacia el Adelphi, meditando en los viejos tiempos en que solía deambular por sus arcos subterráneos, y en los felices cambios que me habían traído a la superficie.