“Yo era muy feliz, muchísimo. Pero, al pasar los años, mi querido muchacho se habría cansado de su esposita niña. Ella habría sido cada vez menos una compañera para él. Él habría sido cada vez más consciente de lo que faltaba en su hogar. Ella no habría mejorado. Es mejor así”.
“Oh, Dora, querida, querida, no me hables así. ¡Cada palabra me parece un reproche!”
—¡No, ni una sílaba! —responde, besándome—. Oh, querido mío, nunca te lo mereciste, y te quería demasiado bien como para decirte una sola palabra de reproche en serio; era todo mi mérito, aparte de ser bonita —o de que a ti te lo pareciera—. ¿Se siente soledad abajo, Doady?
“¡Mucho! ¡Mucho!”
“¡No llores! ¿Está mi silla ahí?”
“En su viejo lugar.”
—¡Oh, cómo llora mi pobre muchacho! ¡Chist, chist! Ahora, hazme una sola promesa. Quiero hablar con Agnes. Cuando bajes, dile eso a Agnes y mándala arriba conmigo; y mientras hable yo con ella, que no suba nadie, ni siquiera la tía. Quiero hablar con Agnes a solas. Quiero hablar con Agnes, completamente sola.
Prometo que lo hará inmediatamente; pero no puedo dejarla a causa de mi dolor.
—¡He dicho que está mejor así! —susurra, mientras me abraza con fuerza. > «¡Oh, Doady, por muchos años que hubieran pasado, nunca podrías haber amado más a tu esposita de lo que la amas; y, por muchos años que hubieran pasado, ella te habría dado tanto que hacer y te habría defraudado