—Sí —dijo ella—. ¿Has estado alguna vez allí?
“No.”
«¡Ay, espero que vayas pronto! ¡Te gustaría muchísimo!ლო
Traces of deep-seated anguish appeared in my countenance. That she should hope I would go, that she should think it possible I could go, was insupportable.
I depreciated Paris; I depreciated France. I said I wouldn’t leave England, under existing circumstances, for any earthly consideration. Nothing should induce me.
In short, she was shaking the curls again, when the little dog came running along the walk to our relief.
Estaba mortalmente celoso de mí y se empeñaba en ladrarse. Ella lo cogió en brazos —¡valgame Dios!— y lo acarició, pero él seguía erre que erre con los ladridos. No me dejaba tocarlo cuando lo intentaba; y entonces ella le pegó. Aumentaban mucho mis sufrimientos los golpecitos que le daba como castigo en el caballete de su hocico romo, mientras él parpadeaba, le lamía la mano y seguía gruñendo por dentro como un pequeño contrabajo. Por fin se calló —¡bien podía hacerlo con la barbilla hoyueluda de ella sobre su cabeza!— y nos alejamos para ver un invernadero.
—No tienes mucha confianza con la señorita Murdstone, ¿verdad? —dijo Dora—. Cariño mío.
(Las dos últimas palabras fueron para el perro. ¡Oh, si al menos hubiesen sido para mí!)
—No —repliqué—, en absoluto.