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nydus/David CopperfieldPublic
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XI. Comienzo a ganarme la vida por mi cuenta, y no me gusta

En la casa del empeño también empecé a ser muy conocido. El principal caballero que atendía tras el mostrador se fijaba bastante en mí y, según recuerdo, a menudo me pedía que le declinara un sustantivo o adjetivo latino, o que le conjugara un verbo en latín, al oído, mientras tramitaba mis asuntos.

Después de todas estas ocasiones, la señora Micawber preparaba un pequeño agasajo, que por lo general era una cena; y había un encanto peculiar en estas comidas que recuerdo muy bien.

Por fin las dificultades del señor Micawber llegaron a un punto crítico; fue arrestado una madrugada y trasladado a la prisión de King’s Bench, en el distrito de Borough. Al salir de casa me dijo que el dios del día se había ocultado para él, y la verdad es que pensé que su corazón estaba roto y el mío también. Pero supe después que lo vieron jugando una animada partida de bolos antes del mediodía.

El primer domingo después de que lo hubieran llevado allí, debía ir a verle y almorzar con él. Tenía que preguntar cómo llegar a cierto sitio, y justo antes de llegar a ese sitio vería otro, y justo antes de ese vería un patio que debía cruzar y seguir derecho hasta ver a un funcionario de prisiones.

Todo esto lo hice; y cuando al fin vi a un funcionario de prisiones (¡pobre pobrecito de mí!), y pensé en cómo, cuando Roderick Random estuvo en una prisión por deudas, había allí un hombre que no llevaba encima más que una vieja frazada, el funcionario se desdibujó ante mis ojos empañados y mi corazón acelerado.

El señor Micawber me esperaba dentro de la verja, subimos a su habitación (penúltimo piso) y lloramos muchísimo. Me suplicó solemnemente, lo recuerdo, que tomara su destino como escarmiento; y que observara que si un hombre tenía veintibras al año de

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