—Lo hice, cuando obtuve la llave de usted como de costumbre—pero un poco antes—y la abrí esta
—No se ponga usted nervioso —dijo Traddles—. Han entrado en mi poder. Yo me haré cargo de ellos, bajo la autoridad que mencioné.
—¿Usted recibe mercancía robada, verdad? —exclamó Uriah.
—En tales circunstancias —respondió Traddles—, sí.
Cuál no sería mi asombro al ver a mi tía, que había estado profundamente callada y atenta, lanzarse sobre Uriah Heep y agarrarle por el cuello con ambas manos.
—¿Sabes lo que quiero? —dijo mi tía.
—Una camisa de fuerza —dijo él.
“¡No. Es propiedad mía!”, replicó mi tía. > “Agnes, querida, mientras creí que tu padre se había deshecho realmente de ella, no habría... y, querida, no lo hice, ni siquiera con Trot, como él sabe...