—Es muy atrevido por mi parte —dijo Agnes, levantando de nuevo la vista—, yo, que he vivido tan retirada y que tanpoco puedo conocer del mundo, darte mi consejo con tanta confianza, o incluso tener una opinión tan firme.
Pero sé en qué se engendra, Trotwood: en un recuerdo muy sincero de haber crecido juntos, y en un interés muy verdadero por todo lo relacionado contigo. Eso es lo que me da audacia. Estoy segura de que lo que digo es correcto. Lo estoy del todo. Siento como si fuera otra persona la que te hablara, y no yo, cuando te advierto que te has hecho de un amigo peligroso.
De nuevo la miré, de nuevo la escuché después de que calló, y de nuevo su imagen, aunque seguía fija en mi corazón, se oscureció.
—No soy tan poco razonable como para esperar —dijo Agnes, retomando al cabo de un momento su tono habitual—, que vayas