a qué se dedicaba el señor Traddles.
—Traddles —replicó el señor Waterbrook— es un joven que estudia para abogado. Sí. Es un buen muchacho; enemigo de nadie más que de sí mismo.
—¿Es su propio enemigo? —dije, sintiendo oír esto.
—Bueno —replicó el señor Waterbrook, frunciendo los labios y jugando con la cadena de su reloj de un modo cómodo y próspero—.
Yo diría que es de esos hombres que se ponen la zancadilla a sí mismos. Sí, diría que nunca, por ejemplo, llegará a valer quinientas libras. A Traddles me lo recomendó un amigo colega. Ah, sí. Sí. Tiene cierto talento para redactar escritos y exponer un caso por escrito con claridad. A lo largo del año, suelo proporcionarle a Traddles algún trabajillo; algo que, para él, es considerable. Ah, sí. Sí.
Me impresionó mucho la manera sumamente cómoda y satisfecha con que el señor Waterbrook