CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/David CopperfieldPublic
Página 401 de 1405
Table of Contents

XVII. Alguien aparece

campo de críquet! * ¡Cuántos días de invierno lo he visto, con la nariz azulada por la nieve y el viento del este, mirando a los muchachos deslizarse por la larga pista de hielo y aplaudiendo con sus guantes de lana en

Era el favorito universal, y su ingenio para las pequeñas cosas era trascendente.

Sabía cortar las naranjas en figuras tales que a ninguno de nosotros se nos habrían ocurrido.

Podía hacer un barco con cualquier cosa, desde un pincho en adelante.

Podía convertir tabaqueras en piezas de ajedrez; modelar carros romanos con viejas cartas de la Corte; hacer ruedas de radios con carretes de hilo, y jaulas de pájaros con alambre viejo.

Pero era el más grande de todos, tal vez, en lo tocante a cordeles y paja; con los cuales todos estábamos convencidos de que podía hacer cualquier cosa que pudiera hacerse con las manos.

La fama del señor Dick no tardó en limitarse a nosotros. Al cabo de unos cuantos miércoles, el propio doctor Strong me hizo algunas preguntas sobre él, y le conté todo lo que mi tía me había dicho; esto interesó tanto al doctor que pidió, con ocasión de su siguiente visita, que se lo presentaran. Esta ceremonia la llevé a cabo yo; y como el doctor le rogó al señor Dick que, siempre que no me encontrase en la parada de carruajes, fuera hasta allí a descansar hasta que terminara nuestro trabajo matutino, pronto se convirtió en costumbre que el señor Dick viniera de manera natural y, si íbamos un poco tarde, como a menudo ocurría un miércoles, se paseara por el patio esperándome.

401