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nydus/The Three MusketeersPublic
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VII. La economía doméstica de los mosqueteros

los comienzos de su intimidad lo volvían a menudo injusto con este hidalgo, a quien intentaba eclipsar con su ostentoso atuendo. Pero con su sencillo uniforme de mosquetero y nada más que la manera en que echaba atrás la cabeza y adelantaba el pie, Athos ocupaba al instante el lugar que le correspondía y relegaba al pretencioso Porthos a un segundo plano. Porthos se consolaba llenando la antesala del señor de Tréville y la sala de guardia del Louvre con los relatos de sus lances amorosos; después de haber pasado de damas profesionales a damas militares, de la mujer del procurador a la baronisa, no se trataba en el caso de Porthos de nada menos que de una princesa extranjera que estaba enormemente encaprichada de él.

Un viejo refrán dice: «De tal palo, tal astilla».*

Pasemos, pues, del criado de Athos al criado de Porthos, de Grimaud a Mousqueton.

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