Codal
nydus/The Three MusketeersPublic
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LXIII

—Yo responderé por ella —dijo Athos.

D’Artagnan tenía tanta confianza en la palabra de su amigo que bajó la cabeza y entró en la posada sin replicar.

Porthos y Aramis se miraron, sin comprender tanta seguridad por parte de Athos.

Lord de Winter creía que hablaba de aquel modo para calmar el dolor de d’Artagnan.

—Ahora, caballeros —dijo Athos, cuando se hubo cerciorado de que había cinco habitaciones libres en el hostal—, que cada uno se retire a su aposento. D’Artagnan necesita estar solo, llorar y dormir. Yo me encargo de todo; tranquilos.

—Parece, sin embargo —dijo Lord de Winter—, que si hay alguna medida que tomar contra la condesa, me concierne a mí; es mi cuñada.

—Y a mí —dijo Athos—, ¡es mi mujer!

D’Artagnan sonrió⁠, pues comprendió que Athos estaba seguro de su venganza al revelarle semejante secreto. Porthos y Aramis se miraron y palidecieron. Lord de Winter creyó que Athos estaba loco.

—Ahora, retiraos a vuestras habitaciones —dijo Athos—, y dejadme actuar. Debéis comprender que, en mi calidad de esposo, esto me concierne. Tan solo, d’Artagnan, si no lo habéis perdido, dadme el papel que se cayó del sombrero de ese hombre, en el que está escrito el nombre del pueblo de...

—Ah —dijo d’Artagnan—, ¡comprendo! Ese nombre escrito de su propia mano.

—¿Ves, pues —dijo Athos—, que aún hay un Dios en el cielo!

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