Codal
nydus/The Three MusketeersPublic
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LX

A esta carta se añadió una orden, concebida en estos términos:

La superiora del convento de Béthune pondrá en manos de la persona que le presente esta nota a la novicia que ingresó en el convento por recomendación mía y bajo mi patrocinio.

Fácil es de imaginar cómo divirtió a los jóvenes la relación entre Aramis y una modista que llamaba hermana a la reina; pero Aramis, después de haberse sonrojado dos o tres veces hasta el blanco de los ojos ante las groseras bromas de Porthos, rogó a sus amigos que no volvieran a tocar el tema, declarando que, si se le decía una sola palabra más al respecto, jamás volvería a implorar a su prima que interviniera en tales asuntos.

Por consiguiente, no se volvió a hablar de Marie Michon entre los cuatro mosqueteros, los cuales, además, tenían lo que querían: a saber, la orden de sacar a madame Bonacieux del convento de las carmelitas de Béthune.

Bien es verdad que esta orden no les sería de gran utilidad mientras estuvieran en el campamento de La Rochelle; es decir, en el otro extremo de Francia. Por tanto, d’Artagnan iba a pedirle un permiso a monsieur de Tréville, confiándole con franqueza la importancia de su marcha, cuando se le comunicó a él, así como a sus tres amigos, que el rey estaba a punto de partir para París con una escolta de veinte mosqueteros y que ellos formaban parte de dicha escolta.

Su alegría fue grande. Los lacayos se adelantaron con el equipaje, y ellos partieron en la mañana del dieciséis.

El cardenal acompañó a Su Majestad desde Surgères hasta Mauzes; y allí el rey y su ministro se despidieron con grandes muestras de amistad.

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