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nydus/The Three MusketeersPublic
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LX

En Francia

El primer miedo del rey de Inglaterra, Carlos I, al enterarse de la muerte del duque, fue que tan terrible noticia pudiera desanimar a los rocheleses; intentó, dice Richelieu en sus Memorias, ocultársela el mayor tiempo posible, cerrando todos los puertos de su reino y vigilando cuidadosamente para que ningúna embarcación zarpara hasta que el ejército que Buckingham estaba reuniendo hubiera partido, encargándose él mismo, a falta de Buckingham, de supervisar la salida.

Llevó el rigor de esta orden hasta el punto de retener en Inglaterra a los embajadores de Dinamarca, que ya se habían despedidos, y al embajador ordinario de Holanda, que debía llevar al puerto de Flesinga los mercantes de Indias que Carlos I había restituido a las Provincias Unidas.

Pero como no pensó en dar esta orden hasta cinco horas después del acontecimiento⁠—es decir, hasta las dos de la tarde⁠—, dos buques ya habían salido del puerto, el uno llevando, como sabemos, a Milady, quien, previendo ya el acontecimiento, se vio aún más confirmada en esa creencia al ver ondear la bandera negra en el tope del mástil del buque insignia.

En cuanto a la segunda nave, diremos más adelante a quién llevaba y cómo zarpó.

Durante este tiempo nada nuevo ocurrió en el campamento de La Rochelle; solo el rey, que se aburría como siempre, pero tal vez un poco más en el campamento que en otra parte, decidió ir de incógnito a pasar la fiesta de san Luis a Saint-Germain, y le pidió al cardenal que le ordenara una escolta de solo veinte mosqueteros.

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