detesto. > > Si se arrepiente de la manera en que se ha comportado conmigo, la joven que le trae esta carta le dirá cómo un hombre de agallas puede
D’Artagnan enrojeció y se puso pálido varias veces al leer este billete.
—Oh, la sigues amando —dijo Kitty, que no había apartado los ojos del rostro del joven ni un solo instante.
—No, Kitty, te equivocas. No la amo, pero me vengaré de su desprecio.
—¡Oh, sí, ya sé qué clase de venganza! ¡Me lo dijiste!
—¿Qué te importa a ti, Kitty? Bien sabes que eres tú la única a quien amo.
—¿Cómo puedo saber eso?
“Por el desprecio que arrojaré sobre ella”.
D’Artagnan tomó una pluma y escribió:
Madame —Hasta el momento presente no podía creer que a mí estuvieran dirigidas sus dos primeras cartas, tan indigno me sentía de semejante honor; además, me hallaba tan gravemente indisuesto que en ningún caso habría podido responderle. Pero ahora me veo obligado a creer en el exceso de su bondad, puesto que no solo su carta, sino también su sirviente, me aseguran que tengo la dicha de ser amado por usted. Ella no tiene necesidad de enseñarme la manera en que un hombre de honor puede obtener su perdón. Iré a pedir