“A su tiempo. Ahora habla tú, querida.”
“¿Me perdonas?”
—Ya veremos —dijo Porthos majestuosamente; y los dos se separaron diciendo—: Hasta esta tarde.
¡Mil diablos! —pensó Porthos mientras se alejado—, por fin parece que me voy acercando a la caja fuerte del señor Coquenard.