y leyó:
“Mi Señor: Por lo que, desde que os conozco, he sufrido por vuestro amparo y por vuestra culpa, os suplique que, si tenéis algún miramiento por mi tranquilidad, revoquéis esos grandes aprestos militares que estáis preparando contra Francia, pongáis fin a una guerra de la que se dice públicamente que la religión es el motivo ostensible, y de la que se rumorea por lo general que vuestro amor por mí es la causa oculta. Esta guerra no solo puede acarrear grandes catástrofes a Inglaterra y a Francia, sino también una desgracia para vos, mi Señor, de la cual jamás me consolaría.
“Cuidad de vuestra vida, que se halla amenazada, y que me será muy cara desde el momento en que ya no esté obligada a ver en vos a un enemigo.