mosquete al hombro.
Milady permaneció algunos minutos en la misma posición, pues pensaba que tal vez la estarían examinando por el ojo de la llave; luego levantó lentamente la cabeza, que había vuelto a adoptar su formidable expresión de amenaza y desafío, corrió a la puerta para escuchar, miró por la ventana y, volviendo a hundirse en su gran sillón, se puso a reflexionar.