«Así es como trataré siempre a mis enemigos y a los vuestros, duque, por muy alto que estén situados, y cualquier peligro que incurra al actuar con severidad hacia ellos».
“La reina es mi enemiga, pero no es la vuestra, sire; por el contrario, es una esposa devota, sumisa e irreprochable. Permitidme, pues, sire, interceder por ella ante Vuestra Majestad”.
“Que se humille, pues, y que venga primero a mí”.
—Por el contrario, sire, dad el ejemplo. Vos habéis cometido la primera falta, puesto que fuisteis vos quien sospechó de la reina.
—¡Cómo! ¿Que dé yo el primer paso? —dijo el rey—. ¡Jamás!
—Señor, os suplico que lo hagáis.
—Además, ¿de qué manera puedo dar el primer