Codal
nydus/The Three MusketeersPublic
Página 389 de 998
Table of Contents

XXIV. El Pabellón

Hacia las seis de la mañana, d’Artagnan se despertó con esa incómoda sensación que por lo general acompaña al alba tras una mala noche.

No tardó mucho en arreglarse. Se examinó para ver si se habían aprovechado de su sueño y, tras hallar su sortija de diamantes en el dedo, su bolsa en el bolsillo y sus pistolas en el cinto, se levantó, pagó su botella y salió para ver si tenía más suerte en la búsqueda de su lacayo que la que había tenido la víspera.

Lo primero que divisó a través de la húmeda y gris niebla fue al honrado Planchet, quien, con los dos caballos de brida, lo aguardaba a la puerta de un figón sin salida y oscuro, ante el cual d’Artagnan había pasado sin siquiera sospechar su existencia.

389